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Esta sección pretende informar al paciente que va a ser intervenido quirúrgicamente de las opciones disponibles para que llegue a la operación en las mejores condiciones posibles y con el menor riesgo de ser transfundido.

La mayoría de operaciones quirúrgicas comportan un riesgo de perder sangre. Antes, cuando un paciente perdía mucha sangre en el quirófano no había más remedio que hacerle una transfusión de sangre homóloga, es decir, darle sangre de otra persona.

Esta sangre que se transfunde procede de un donante que voluntariamente la ha donado para que pueda ser usada cuando se necesita. La sangre donada, se guarda en bolsas, y se analiza para saber que no es portadora de enfermedades del tipo de la hepatitis o el SIDA.

A pesar de que las medidas de control que se hacen a la sangre son cada vez más rigurosas, siempre existe un riesgo, aunque extremadamente bajo, de que la sangre de otra persona pueda provocar el contagio de enfermedades. Además, al tratarse de un tejido procedente de otra persona, siempre existe la posibilidad de que se produzca algún tipo de reacción, que habitualmente suele ser leve, en forma de picores o fiebre. Por ello, los médicos sólo transfunden sangre de una persona a otra cuando es absolutamente necesario.

Actualmente, cuando la operación se puede programar con tiempo suficiente, existe la posibilidad de reducir al mínimo la probabilidad de que se tenga que transfundir sangre de otra persona.

Esta sección de la web pretende informar sobre las diferentes alternativas disponibles hoy en día para que en una operación programada con tiempo se evite el uso de sangre de otra persona. Por ejemplo, el paciente puede donar su propia sangre unas semanas antes de la operación o bien utilizar eritropoyetina que le ayuda a fabricar más sangre. Otro efecto beneficioso añadido es que al llegar al quirófano con más energía, la recuperación será mejor y más rápida.

Usando estas técnicas no sólo se evitan los riesgos de contagio de enfermedades y de padecer otros tipos de reacciones, sino que se permite reservar la sangre donada, que es un bien escaso, para las situaciones de emergencia, como por ejemplo en los accidentes de tráfico.

Los médicos especialistas decidirán cuál o cuáles de estas técnicas son las más adecuadas para cada caso particular.